Aitana y la Perla Cantarina
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Ejemplo · Meapica
El texto de este cuento de ejemplo
Este es un libro de ejemplo, creado para Aitana (6 años). En el tuyo, el nombre, el retrato y la aventura son los de tu hijo.
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Aitana y la Perla Cantarina
En un pueblo cualquiera, Aitana corría más que las palomas de la plaza. En su cuarto guardaba una caracola turquesa. Si la acercaba al oído, sonaba a mar. A veces tarareaba una canción marinera, bajita. Con maña y marea, se llega donde sea.
Aquella noche, la lluvia tocó la ventana: tin, tin, tin. Aitana no tenía sueño. Quería ayudar a alguien de verdad, como las capitanas valientes de sus cuentos. Puso la caracola bajo la almohada y pidió al mar una misión. Algo respondió: glup.
La caracola abrió una puerta de espuma.
Aitana pisó cubierta. ¡Un barco pirata! Las velas se hinchaban y el agua era tan turquesa como su color favorito. Le tembló un poco la barriga. Entonces, entre las olas, saltó un delfín plateado. —¡Hola! Me llamo Coral —silbó.
Coral rió con un chasquido de agua. —Tú miras lejos. Yo nado rápido. —Entonces somos tripulación —dijo Aitana. Coral empujó el barco con el morro, suave, justo a tiempo para esquivar una roca dormida. Con maña y marea, se llega donde sea.
Coral dejó de reír. —La Perla Cantarina se ha perdido. Canta nanas a los peces pequeños. Desde anoche, los pececillos dan vueltas con ojos redondos. Nadie descansa bajo las olas. Aitana apretó el timón. —La encontraremos. Sin empujones. Con cabeza.
Buscaron bajo algas, junto a conchas y entre burbujas. Nada. Coral olfateó la corriente. —Huele a nana por allí. Nadaron hasta una bahía tranquila. Bruma flotaba como una isla suave. Sobre su lomo brillaba la perla. Pero Bruma dormía. Profundamente.
—Si la despertamos fuerte, hará una ola gigante —susurró Coral. Aitana tragó saliva. La perla estaba cerca, y parecía lejísimos. Entonces recordó su cuarto, la lluvia y una canción pequeñita.
La canción llegó como una concha al oído.
Aitana no gritó. Cantó bajito la canción marinera. La bahía entera escuchó: la, la, laralá. Bruma abrió un ojo enorme. Luego sonrió sin hacer ola. —Gracias, pequeña capitana. Con su aleta acercó la Perla Cantarina hasta Aitana.
La Perla Cantarina empezó su nana. Los pececillos cerraron los ojos entre burbujas. Coral dio tres saltos de alegría. Bruma sopló una fuente brillante. Aitana rió hasta mojarse la nariz. —El mejor tesoro son los amigos —dijo. Y todos supieron que era verdad.
La espuma giró otra vez. Aitana despertó en su cuarto, con la caracola turquesa bajo la almohada. En la ventana, la mañana brillaba como cubierta recién lavada. Tarareó la nana pirata y sonrió. Con maña y marea, se llega donde sea.
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